No llegaban. Los distintos clanes se encontraban en un descampado próximo al río. Allí donde había menos peligro. Sobretodo por los niños. —¿Se sabe algo de ellos? —Nada. Ni rastro. Nosotros veníamos por el mismo camino y no hemos visto rastro de su acampada. —Es raro. Jofre conoce estas tierras palmo a palmo. —¿Cómo es posible? Los vi en las playas este verano. Llevan tres críos. La pequeña ya caminaba. Estuvo jugando con la nuestra. La Paqui tiene un atraso y se entiende mejor con las pequeñas. —Tan guapa ella, ¿quién lo diría? Ese pelazo tan negro y brillante. —Torito es su chico. Desde la cuna. Será madre. De eso no hay duda, pero hay que darle tiempo. Va aprendiendo. Poco a poco, pero asimila. —Las abuelas no lo deshacen. —Tenemos suerte. Ni una nube. En la explanada hogueras encendidas se achicaban. Las mujeres cocinaban y los niños jugaban. Los hombres, en un aparte, pactaban.